Numerosas expresiones de condolencias causó el fallecimiento del ingeniero Carlos Alberto Di Domenicantonio. Impulsor de innovadoras iniciativas, amigo leal, y entusiasta anfitrión, su personalidad abierta y carismática permanecerá imborrable en la memoria de quienes tuvieron la dicha de conocerlo.
Hijo de un matrimonio de inmigrantes italianos (José y Josefa), había nacido en La Plata el 1º de mayo de 1938. Creció junto a una hermana menor, Marta. Cursó los estudios primarios en la Escuela 15, los secundarios en el industrial Albert Thomas y se recibió de Ingeniero Mecánico en la facultad de Ingeniería de la UNLP.
Aunque su padre era un próspero comerciante vinculado al negocio del mármol siguió el consejo paterno de abrirse camino por su cuenta. Apenas se graduó, ingresó a la textil Ducilo y después trabajó un tiempo en la sede estadounidense de DuPont. Ingenioso, tesonero y muy emprendedor, creó, junto a un grupo de socios, un novedoso modo de construcción para la época, basado en placas de hormigón, que se promovió desde la firma Convin y con él que se edificaron distintos barrios en la Provincia. Antes se había dedicado a proyectos destinados a mejorar el alumbrado público y los tendidos eléctricos urbanos.
En rigor, “Dido” fue muy reconocido por una actividad que comenzó como un hobby y terminó siendo un medio de vida: la horticultura. Y es que a alrededor de los 50 años, de regreso de un viaje a Italia en el que descubrió las bondades del kiwi, decidió dejar la construcción de obras y se volcó, en su casaquinta de Parque Sicardi, a la producción del fruto, cuando todavía en la Región era una mercancía exótica que se conseguía en unas pocas verdulerías. Más tarde se le animó a otro vegetal: la alcachofa. Pionero en la organización de la tradicional Fiesta del Alcaucil que tiene lugar todos los años en La Plata, el emprendimiento con esa verdura también logró imponerse dentro del cinturón verde de la Ciudad.
Casado con Leonor Pietra, tuvo cuatro hijos: Rossana (profesora un universitaria de Matemática) Carolina (analista de sistemas), Valeria (diseñadora gráfica) y Martín (martillero). Disfrutó junto a sus once nietos el rol de abuelo.
Fue, asimismo, un fanático tripero que inculcó a sus descendientes la pasión por Gimnasia.
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